Masas Saludables Dulce María

Por Cielo Galarcio Tarra
HISTORIAS

Masas Saludables Dulce María

Catorce años por fuera del lugar donde creciste, donde te formaste; lejos de lo que realmente es el hogar, enseñan mucho. Dulce María García, una caribeña nacida en Juan Griego de las Piedras, Isla Margarita, Venezuela, da fe de ello.

Salió primero rumbo a Suiza en el 2003 cuando tenía 19 años de edad. Vivió en Zúrich y allí trabajó limpiando oficinas, fue niñera y cuidó mascotas para ganarse la vida. Los tres años en ese país fueron aleccionadores. Aguantó y también fue feliz, pero las diferencias culturales tan radicales entre Latinoamérica y Europa le pegaron duro. “Fue un choque cultural no escuchar personas que hablaran tu idioma, no ver una arepa, no ver un pescado frito, un café en las mañanas, el frío que siempre permanece y lo nublado”, dice.

Dulce María, como la llaman sus conocidos, se armó de valor para una segunda migración. Esta vez volvería a Latinoamérica, pero no a Venezuela como hubiese querido. Llegó a Chile y vive en Santiago desde el 2006. Si bien estaba en un país de habla española, los cambios seguían siendo abrumadores, y la posibilidad de abrirse camino no era tan fácil si se tiene en cuenta que Santiago es una de las ciudades con más alto costo de vida en América Latina.

Primero trabajó en una plataforma de call center donde vendía los panes y galletas que ella misma le hacía a sus compañeros. Tenía una pareja chilena de la que habla poco. Las cosas no funcionaron y Dulce quedó embarazada de Liz, su primera hija.

La soledad le pegó duro, no tenía trabajo y se preguntaba cómo salir adelante. Tres meses después de dar a luz redefinió sus acciones, y apelando a la tecnología, emprendió su plan en en las redes sociales. Buscó personas en facebook, las reunió y creó el grupo llamado Danzas Venezolanas en Chile. Bailando, presentándose en fiestas y eventos le permitió a ella y a sus compañeros ganar dinero. Dulce María había aprendido a sacar provecho de lo que en esencia es y lleva en la sangre: es una mujer caribeña que como muchas, lleva el baile en la sangre; y eso le ayudó a sostenerse.

Sin embargo, la vida es dura. Con una hija que mantener, un arriendo, servicios y cuentas por pagar, bailar no era suficiente . Por eso un año después de crear el grupo de danzas, como si su nombre le hablara, organizó su segundo emprendimiento “Pancitos de Luna”. Se dedicó a elaborar panes, pasabocas de banquetería y bocados salados para eventos sociales. Ya eran dos los emprendimientos que le concedían cierta estabilidad económica.

A los cambios laborales también le sumó el amor. Dulce se hizo más dulce. Se enamoró de un colombiano y con él tiene un hijo llamado Gabriel que tiene un año de edad. Wilmar, es licenciado en filosofía y trabaja en proyectos del Arzobispado de Santiago. Dulce cuenta que con la suma de los sueldos de él y ella, les alcanza para sostener el hogar.

En el año 2016 cambió el nombre de su emprendimiento a Masas Saludables Dulce María, manteniendo el mismo concepto de su negocio anterior y apostándole duro a la renovación en redes sociales. Habrían de transcurrir tres años de sostenibilidad económica trabajando en panadería y con el grupo bautizado Danzas Venezolanas en Chile. Sin embargo, en octubre de 2019, con el estallido social en Chile, la situación comenzó a complicarse. La economía se debilitó y no se pudo recuperar, pues en marzo de 2020 llegó el coronavirus, según las primeras declaraciones oficiales del entonces ministro de salud, Jaime Mañalich.

La cuarentena, el lavado frecuente de manos, el toque de queda, el uso obligatorio de mascarillas y el distanciamiento físico, complicaron las actividades laborales. Ese mismo mes el presidente de Chile, Sebastián Piñera, anunció la suspensión de clases y la reducción de actos públicos. El quédate en casa trajo cambios drásticos a la vida de Dulce. Ahora tenía que dividir su jornada entre atender el negocio, cuidar a tiempo completo a su hija Liz, de siete años y a su hijo Gabriel, de uno. La emprendedora migrante no pudo volver a la calle a vender sus productos, ni a bailar. Las ventas fueron cayendo y comenzó a perder a sus clientes.

Antes de que comenzara el confinamiento en Chile, Dulce estaba en casa junto a su familia con la incertidumbre de saber qué pasaría en los próximos días, las ideas le daban vueltas en su cabeza. El día del cumpleaños de Liz, el 7 de marzo le preparó una torta, la que compartió con precaución con sus vecinos, a quienes les gustó. Eso le dió la idea de reinventarse en eso, pese a estar dedicada solo en vender panes, galletas y bocados salados. Se animó y decidió buscar información en internet y hablar con emprendedoras conocidas:

“Supe de otra emprendedora que me motivó a hacer tortas en vaso. Los ofrecí, hice 10, me quedé poco y empecé a vender 30 vasos, 40 vasos. Después ya no eran vasos, ya me habían pedido tortas y ya después otra torta y ahí, casi todos los fines de semana estoy vendiendo tortas. Pero ha sido de boca en boca con los vecinos, de un rubro que ni entendía, que he tenido que ver por Youtube. He tenido que ver cursos por internet, he tenido que preguntarle horas a otras amigas reposteras porque yo no sé de cremas, yo no sé de repostería, pastelería. Pero la pandemia me abrió de nuevo un campo en toda esta área.”

Luego de que el Ministerio de Salud, liderado por el entonces ministro Enrique Paris, anunciara que a partir del 31 de agosto terminaría la cuarentena en Maipú, donde reside Dulce, ésta se organizó para participar en su segundo evento del año: la feria de emprendedoras, del programa llamado Fuerza Mujer , de la municipalidad de Maipú, que se realizó en el Hospital El Carmen el 21 de octubre de este año. En esa oportunidad debutó como feriante en contexto de pandemia

Con el delantal puesto, alcohol en gel, desinfectante de superficies y un libro de Deepak Chopra, Dulce estaba en la feria junto con otras emprendedoras. Usando mascarilla, pero dejando ver una sonrisa en sus ojos negros, la mujer ordenó los galletones de avena con semillas de girasol y uvas pasas; galletas de maizena y polvorosas venezolanas, previamente empacadas en recipientes desechables y bolsas transparentes adornadas con un moño de cintas amarillas y cordel delgado color café.

La decoración de su mesa de exposición y ventas tenía un marco con el aviso de Masas Saludables, alrededor, hojas verdes y flores artificiales de color rosado. Dulce se fue animando en la medida en que el personal del hospital, visitantes y pacientes dados de alta se acercaron a comprarle. Con su notable acento venezolano Dulce respondía las preguntas que le hacían. Recibía el pago y entregaba el cambio tras rociar los billetes y monedas con un spray limpiador de superficies. Logró vender todo. Se sintió feliz y emocionada, tenía una nueva historia para contársela a su esposo, quien siempre la ha apoyado en todo sentido, tanto, que el día de la feria él decidió quedarse al cuidado de los niños.

“He tenido en estos últimos tiempos un pilar muy importante que es mi esposo. Yo creo que si no hubiese tenido este pilar, yo no hubiese podido tener de nuevo masas saludables.”

A sus 35 años de edad y en medio de la pandemia, Dulce ha mantenido ganancias mensuales que oscilan entre $250.000 pesos chilenos (US 330 aproximadamente) a $400.000 (US 530). Y lo ha logrado vendiendo panes y hasta más de 20 tortas al mes, dependiendo de los pedidos. Con esas ganancias compra comida, paga el gas y el colegio de Liz. Ella asegura que en buenas épocas su negocio genera el millón de pesos.(US 1300).

En todo este tiempo Dulce ha aprendido y se ha adaptado a las nuevas circunstancias de la vida desde el confinamiento. A pesar del distanciamiento por los 14 años que lleva viviendo en Chile, mantiene contacto constante con su familia en Isla Margarita y con la familia de su esposo, que es de Tunja, Colombia. Dice que desea viajar allí junto a él y sus hijos; y también quiere ir a Venezuela, cuando las condiciones lo permitan. Tiene la esperanza de que todos sus seres queridos se mantengan sanos, salvos y que finalice la pandemia, para que su emprendimiento de panes y pastelería siga creciendo. Ella nunca olvidará que se reinventó en tiempos de Covid-19.

Dulce es una mujer valiente y emprendedora. Le dice a quienes quieren atreverse:

“Chile existe y existe antes de que tú llegaras, descúbrelo, porque esa es tu puerta de entrada a todo el universo que tú vas a tener para mostrarle. Pero tú tienes que saber a quién le estás vendiendo, ese es mi consejo para las demás emprendedoras, que salgan de su burbuja, de todo lo que algún día conocieron en el lugar donde estaban, porque eso es lo que te va a permitir tener la flexibilidad de siempre estar bien, aunque haya coronavirus, aunque haya estallido social y aunque haya lo que haya, usted puede tener la posibilidad de hacer pan, de hacer torta, de bailar, de saltar y vas a ganar de eso porque no depende de lo que tú vendas, depende de lo que tú eres.”