Magik Box, Cajas de Alimentos para Regalos

Por Cielo Galarcio Tarrá
HISTORIAS

Magik Box, cajas de alimentos para regalos que nacen en el confinamiento

Griberth Palmera es una diseñadora gráfica y fotógrafa de 32 años de edad que tiene tatuajes de flechas, cámaras fotográficas, lagartijas, los nombres de sus hijos, la frase “libre soy”, dos guacamayas y la forma de un anillo en el dedo medio de su mano derecha. Es una mujer trabajadora y valiente.

Observa la vida a través de sus ojos café, guardados detrás de sus lentes, los cuales usa para combatir el astigmatismo y la miopía. Nació en Maracaibo Venezuela y desde el 2017 ella y sus familiares emigraron de su país, haciendo parte del flujo migratorio venezolano que se ha desperdigado por el continente, con fuerza, desde hace cinco años.

Se fue de su ciudad con su esposo Nasser; su hija Arleth, de un año, su hermana y su cuñado, como consecuencia de la crisis venezolana. Viajaron por tierra a Brasil, para tomar un vuelo hasta Argentina. Ninguno consiguió trabajo allí, por lo que se lanzaron a la aventura de cruzar los Andes en autobús rumbo a Chile, para armarse un nuevo horizonte. Uno que trajera mejor suerte para todos.

Hace dos años nació Arath, su segundo hijo y a partir de allí las dos familias migrantes se mudaron a apartamentos diferentes en un edificio en la comuna de La Florida. La vida marchaba tranquilamente para todos. Griberth y su pareja encontraron trabajo como diseñadores gráficos y sus hijos tomaban clases en uno de los jardines de la Junta Nacional de Jardines Infantiles, JUNJI cercano a su hogar.

Pero como ni los nacionales ni los extranjeros escaparon a las consecuencias del estallido social en Chile, en octubre de 2019 y de la Covid -19 en 2020. El confinamiento obligatorio cambió la forma de trabajar y de vivir. La pareja tenía que, además de responder por sus obligaciones laborales, repartirse el cuidado de Arleth, de 4 años y Arath de 2, ya que desde el 15 de marzo de 2020 dejaron de ir a la escuela.

La situación mermó los ingresos de Griberth, quien ganaba anteriormente el sueldo mínimo de alrededor de $300.000 pesos chilenos (US 394). Empezó a teletrabajar como diseñadora gráfica en una pyme de detalles para ocasiones especiales, ganando un sueldo mensual de $200.000 (US 260) dado que le permitían trabajar en la medida de sus posibilidades. Su pareja mantuvo su sueldo base de $500.000 (US 657) más las comisiones por proyecto, bordeando un salario de $700.000 ( US 921) lo que aportaba a mantener la sostenibilidad del hogar con la suma de ambos sueldos.

Rodeada de juguetes, impresoras, adornos de decoración, con su hijo Arath de dos años en brazos y su hija Arleth de cuatro a su lado, Griberth cuenta desde la sala de su apartamento en la comuna de La Florida, cómo desde marzo emprendió de manera emergente mientras estaban confinados, con el objetivo imperativo de aumentar sus ingresos en pandemia. Su idea consistió en la elaboración y diseño de cajas de alimentos para regalos en ocasiones especiales, con productos venezolanos o al gusto de la clientela, aprovechando su gusto por el diseño. Como no podía salir a la calle a comprar materiales, le pagaba a una persona para que le comprara lo que ella necesitaba.

“Así empiezo yo con mi emprendimiento de Magik Box, donde se me ocurrió la idea de, como estamos tan encerrados y la gente sigue cumpliendo años, sigue celebrando aniversarios, sigue celebrando bienvenidas, baby showers, de una manera diferente, pero no pasándolos por debajo de la mesa como quien dice. Entonces se me ocurrió la idea de hacer unas cajas de cartón. Empecé con unas cajas de cartón, que era lo que tenía más cercano aquí al edificio y hacer un tipo desayuno, con una vecina que me hace las empanadas, una vecina que me hace los ponquecitos, una vecina que me hace una galleta, un jugo y así."

En las madrugadas de cuarentena hacían guardia junto a ella el Maltín, los chicles Bubbaloo, Pirulines, Flips, galletas Cocosettes, entre otros productos conocidos en venezuela, que Griberth colocaba dentro de sus cajas de alimentos para regalos, los que conseguía través de aplicaciones móviles que despachan compras por encargo para entregarlas a domicilio. Hacía sus pedidos en el supermercado, los locales ubicados cerca de su edificio o en el centro de Santiago. Pagaba cerca de $2000 (US 3) por ello. En las mañanas, complementaba las cajas con galletas, tequeños, empanadas de harina pan, postres u otros productos hechos por las vecinas emprendedoras que la surtían. Las remataba con arreglos de papeles de colores, globos y letras impresas con diseños llamativos con mensajes de “Felíz día”, “Felíz cumpleaños” o como lo deseara el cliente. Seguida la mañana, continuaba su rutina con los quehaceres, el cuidado de los niños y su trabajo como diseñadora gráfica. La mayoría de sus cajas de alimentos para regalo, eran entregadas con precaución dentro de su edificio, donde primeramente empezó a ofrecerlas. Decidió seguir dado que se fue dando a conocer. Recibía llamados de personas felicitandola por su trabajo y aprovechaban para hacerle pedidos. La querían contactar por redes sociales, pero no tenía. De modo que su esposo, aprovechando sus conocimientos de diseñador gráfico, creó la imagen y el logo de Magik Box, finalmente, abrió una cuenta en instagram , donde Griberth subió las fotos de su trabajo, lo que permitió que muchas personas conocieran su emprendimiento.Así sumó más pedidos desde diferentes comunas de la ciudad. En mayo y junio las cajas de regalos de Magik Box dieron buenos frutos a Griberth:

“Vi que hubo tanto auge, sobre todo el día de las madres y del padre. La gente me pidió, tuve días sin dormir, porque obviamente yo como madre tengo que trabajar en la noche, que es cuando mis hijos descansan. Esos días fueron fuertes, pero sentí satisfacción de saber que el emprendimiento iba adelante, de que sabía que a la gente le estaba gustando y por los mensajes que me llegaban en la foto y la gente emocionada. Qué lindo, qué bello, que no se qué. Entonces yo Bueno, vamos a seguir”.

En julio se aprobó el Proyecto de ley N° 21.248 del retiro del 10% de las cotizaciones previsionales, para mitigar los efectos sociales de la pandemia, tal como lo publicó el Diario Oficial de la República de Chile del Ministerio del Interior y Seguridad Pública. De modo que Griberth invirtió los recursos en un plotter de corte e impresión de diseños. Aunque quería imprimir con resultados de buena calidad, Griberth no pudo comprar una impresora láser como habría querido, ya que representaba un costo excesivo para ella. De hecho, aún no ve en sus planes tenerla. Finalmente, con lo que le quedó de sus fondos de cotizaciones previsionales, Griberth, compró una máquina de buena calidad de impresión, más asequible a su bolsillo y así poder imprimir imagenes con papel fotoráfico para decorar mejor sus cajas, que ahora eran en madera, pintadas de color marrón oscuro, con el logo de su emprendimiento Magik Box, tallado en el centro. Sostiene que sus dos máquinas la han ayudado mucho a darle el plus y delicadeza que sus cajas de alimentos necesitan.

En agosto, La Florida pasó de cuarentena a transición dentro del plan paso a paso del gobierno, permitiendo a Griberth y a su pareja salir a trabajar por días asignados logrando dividirse el cuidado de sus hijos, paseándolos con precaución por las áreas verdes del edificio, o llevándolos a visitar a sus dos primos, los hijos pequeños que su hermana que había tenido en Chile.

Para ese tiempo, muchos locales comerciales habían abierto sus puertas, lo que le permitía a Griberth comprar materiales por Internet y que éstos se los llevaran a su casa por despacho. Por ello pagaba alrededor de $3000 (US 4). Las cajas de alimentos para regalos continuaron vendiéndose, pese a no dar un ingreso fijo mensual, puesto que Griberth puede vender al mes de dos a diez cajas de $16.000 (US 21); la más económica, hasta $30.000 (US 39) y con ello, poder cubrir algunos gastos de la casa. Ha vendido más de 100 unidades en el año, lo que la motiva a seguir resistiendo con algo que le gusta, aunque esto signifique que deba hacer varias cosas a la vez o sienta cansancio por la rutina diaria.

“Tengo que repartir mis días en eso, en trabajar a terceros, en mi proyecto, en mi emprendimiento, en mis hijos, en mi casa, en mi pareja.

Lo más difícil para Griberth y para su esposo en medio de la pandemia ha sido tener paciencia:

“La paciencia es lo más difícil que se me hizo en esta pandemia para mí y para mi pareja. Nosotros somos personas tranquilas, relajadas, casi que puro paz y amor. Y esta pandemia nos hizo que gritaramos algunas veces y tuviéramos que salir al balcón a respirar de la presión que hay del trabajo. A veces siento que muchas personas creen que es fácil estar encerrados con dos niños, trabajando, atendiendo el hogar y no lo es, porque un niño amerita atención al 1000% y el trabajo yo sé que también. Así como me ha pasado con la respuesta a algunos clientes, he tenido clientes que por no contestarles de inmediato, se molestan o escriben: pésimo servicio, por qué no contestan, por qué tardas tanto y yo armando una caja, atendiendo al niño, dando pecho, contestando el computador entonces, creo que la pandemia no nos afectó solo a nosotros, afectó a todo el mundo”.

Y como muchas personas en el mundo, Griberth espera que acabe la pandemia de la Covid -19, ya que recuerda los paseos y viajes que hacía con su esposo y quiere hacerlo ahora junto a su familia:

“Somos una pareja que desde que estamos juntos viajabamos todos los fines de semana, así sea a un río, una playa, una plaza, un parque, a donde fuera pero salíamos de la rutina, tratáramos de hacer algo de esparcimiento, tomarnos un vino porque igual tomábamos vino en Venezuela. Tomarnos algo, comer algo, fuera de la rutina, hacer algo que no fuera dentro del hogar y hemos hecho las cosas especiales en casa, pero necesitamos salir, necesitamos un viaje, los niños necesitan otra vista, somos personas que acampabamos, que íbamos a la montaña, a la playa, siento que nos falta, nos falta muchísimo”.